Para escribir bien tienes que estar jodido, para que algo sea realmente bueno tienes que dejarte las entrañas, exponerte. Luego están los que son felices, lo que escriben no vale una mierda, pero es el precio que hay que pagar por serlo.
¿Tal vez has pensado en renunciar? yo aun no.
Cuatro mil días después de aquel año obcecado te dignaste a cumplir con la cita inaudible, y me alegro y me enfado a la vez, después de estudiar con cuidado aquel caso ejerciendo a la vez de fiscal y abogado, de juez imparcial, sentencio lo nuestro diciendo que el fallo mas grande ocurrió por guardar solamente los días más gratos y olvidar los de más. Mirarte de frente, admito en voz alta, que no pocas veces he sido tentado en coger la esperanza y lanzarla sin más a una fosa común donde yacen los sueños que nos diferencian.
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